Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo Lo que más me disgusta de Lovecraft es su amor por los gatos… Lo que más me confunde es su capacidad de soñar, de imaginar, de inventar, de ver lo invisible, de intuir lo infinito del universo, y su sentido de la angustia, del terror, del pánico ante lo insondable —desconocido, adivinado, buscado, vislumbrado— que siempre se halla presente en los lÃmites de la percepción humana, pero que, cuando ésta intenta captarlo, se evade como algo gelatinoso, informe, aterrador…
Lo que me maravilla es el lado mágico de su delirio verbal, rico en palabras enteramente cinceladas por la belleza de su consonancia y el poder conjurador de su arquitectura sonora: Nyarlathotep, Inquanok, Kadath… En ellas se evoca Babilonia, y, a la vez, a los indios chickasha y el espacio intersideral.
Lo que me divierte es haber conocido personalmente a su Randolph Carter en Oklahoma City. Con él viajé hasta Nueva Orleans. Y este Randolph Carter no parecÃa sino uno de esos cerebros vegetales, habitantes futuros de los cometas radiactivos, aunque su apariencia fuese la de un campesino bien forrado de dinero que se rascaba el trasero descaradamente, y cuyo deseo principal era poder contemplar en el parque junto al Mississippi, los pechos enormes de Rita Alexander, alias «Champagne Girl», alias «Mis Goldfinger»…
