Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo —Lleva usted un nombre célebre —dije a este hombre simple y ordinario, cuya mujer escribÃa recetas de cocina para el Arcadia Post.
—Yo soy ese hombre célebre —me dijo masticando un mondadientes—. Soy descendiente de Edmund Carter el brujo, de Salem, naturalmente —añadió sonriendo—, y antepasado de Pickman Carter, que dentro de doscientos años rechazará las hordas mongolas procedentes de OceanÃa…
Me estremecà de estupor al escuchar tales palabras en la boca, más bien vulgar, de mi interlocutor.
—¿Lovecraft? —le pregunté yo, preso de la más intensa emoción—. ¿Le dice algo este nombre?
El individuo bajó los ojos, pareció meditar un momento, y, luego, habló con voz sorda:
—Escúcheme bien. Él, o Ward Phillips Warren, o puede que los dos sean el mismo, me dijo estas palabras: «¡Carter, por el amor de Dios, vuelve a colocar la losa y márchate de ahà si puedes…! Déjalo todo y vete… ¡Es tu única oportunidad! ¡Hazlo asà y no preguntes nada!».
Eso me recordaba algo; mi interlocutor lo sabÃa y jugaba con mi inquietud y mi turbación. En el Brennan’s, donde comimos un «Papa Brülot» flameado con el mejor ron de St. John the Baptist, se inclinó sobre la mesa y me dijo con toda claridad, separando bien las sÃlabas cuando lo creÃa necesario: