Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo Traté de no hacerle caso; intenté vencer la parálisis que me retenÃa y cumplir mi palabra de bajar en su ayuda, pero las palabras que murmuró a continuación me cogieron aún inmovilizado, encadenado por mi tremendo horror.
—¡Carter…, huye! Es inútil…, debes irte…, mejor uno solo que los dos… La losa…
Un silencio; otro clic, y luego la débil voz de Warren:
—Ya casi ha terminado todo… No me hagas esto más penoso todavÃa… Tapa esa escalera infernal y salva tu vida… Estás perdiendo el tiempo… Adiós, Carter…, nunca te volveré a ver.
AquÃ, el susurro de Warren se dilató en un grito; y el grito se fue convirtiendo gradualmente en un alarido preñado de todo el horror del mundo…
—¡Malditas sean estas criaturas infernales…!, son legiones… ¡Dios mÃo! ¡Huye! ¡¡Huye!! ¡¡¡Huye!!!
Después de eso, se hizo un silencio. No sé durante cuantÃsimo tiempo permanecà allà sentado, sumido en un negro estupor, murmurando, mascullando palabras, llamando, gritando en el teléfono. Una y otra vez, durante una eternidad, susurré, llamé, grité, chillé:
—¡Warren! ¡Warren! Contéstame, ¿estás ah�