Manifiesto
Manifiesto He perdido amigos—buenas personas, trabajadoras—que se deslizaron entre las grietas porque no podÃan pagar las pruebas, los estudios, las derivaciones. He visto a familiares soportar humillantes llamadas telefónicas, suplicando a representantes de seguros que no les importaba su situación. He observado la desesperación marcada en sus rostros al darse cuenta de que sus opciones se han agotado. Es una tortura silenciosa, una muerte lenta y amarga de la esperanza y la confianza en un sistema que se suponÃa debÃa brindar consuelo, no sufrimiento.
Las palabras por sà solas no son suficientes, aunque debo empezar aquÃ. Las acciones, por impactantes que sean, parecen necesarias para despertar a una población que ha sido adormecida para aceptar esta desolación como normal. Mi manifiesto es un intento desesperado por sacudir los cimientos de un mundo que se ha permitido ser gobernado por hojas de cálculo sin alma y una aritmética moral dictada por corporaciones.
Cuando actúo, lo hago en nombre de la humanidad, no por rencor. No es el odio lo que me impulsa, sino todo lo contrario: el amor por un pueblo traicionado, la compasión por aquellos que mueren sin ser notados y sin ser atendidos en las sombras de esta máquina impulsada por el mercado. Nuestra pasividad actual ha sido el suelo fértil en el que este sistema vil prospera.
