Manifiesto
Manifiesto En esta era de rascacielos imponentes, inteligencia artificial que susurra silenciosamente en los pasillos hospitalarios, y una interminable letanÃa de autoelogios sobre los triunfos de la ciencia médica, me siento obligado a romper mi silencio. Nuestra civilización presume de sus sistemas de salud como si fueran no solo la cúspide del logro cientÃfico, sino también un modelo de moralidad humana. Sin embargo, aquà estoy, con la pluma en mano, ardiendo de indignación, lleno de una tristeza profunda y obligado al fin a abandonar toda pretensión. Debo decir la verdad: nuestro sistema de salud moderno, especialmente en este paÃs, es una catedral construida sobre arena—hermosa en sus concepciones arquitectónicas, pero podrida en sus cimientos, un monumento a la hipocresÃa y la avaricia.
