Juan de Mairena I
Juan de Mairena I —Respóndame sin titubear. ¿Se puede comer judÃas con tomate? (El maestro mira atentamente a su reloj.)
—iClaro que sÃ!
—¿Y tomate con judÃas?
—También.
—¿Y judÃos con tomate?
—Eso... no estarÃa bien.
—iClaro! SerÃa un caso de antropofagia. Pero siempre se podrá comer tomate con judÃos. ¿No es cierto?
—Eso...
—Reflexione un momento.
—Eso, no.
El chico no ha comprendido la pregunta.
—Que me traigan una cabeza de burro para este niño.
* * *Nunca [35], nada, nadie. Tres palabras terribles; sobre todo la última. (Nadie es la personificación de la nada.) El hombre, sin embargo, se encara con ellas, y acaba perdiéndoles el miedo... ¡Don Nadie! ¡Don José MarÃa Nadie! ¡El excelentÃsimo señor don Nadie![36]. Conviene que os habituéis —habla Mairena a sus discÃpulos— a pensar en él y a imaginarlo. Como ejercicio poético no se me ocurre nada mejor. Hasta mañana.
* * *