Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Acaso la culpa sea de nuestro gran Cervantes y de sus botas de siete leguas. ¿Quién camina a ese paso? La verdad es que, después del Quijote, el mundo espera otra gran novela que no acaba de llegar. Nuestro Cervantes... Para rendir un pequeño homenaje a la cursilerÃa de nuestro tiempo —ya que Cervantes no lo necesita— yo os invito a guardar conmigo un minuto de silencio y meditación con tema libre.
La clase ha quedado en silencio durante sesenta segundos mal contados, después de los cuales añade Mairena: Reparad en que esto del minuto de silencio es tan estúpido, aunque no tan macabro ni tan perverso, como el culto al soldado desconocido. Pero de algún modo hemos de acusar en nuestras clases los tiempos de barullo y algarabÃa en que vivimos.
* * *(Intermedio)
Es inútil —habla Mairena, encarándose con un tradicionalista amigo suyo, en una tertulia de café provinciano— que busque usted a Felipe II en su panteón de El Escorial[205]: porque es allà donde no queda de él absolutamente nada. Ese culto a los muertos me repugna. El ayer hay que buscarlo en el hoy; aquellos polvos trajeron —o trujeron*, si le agrada a usted más— estos lodos. Felipe II no ha muerto, amigo mÃo. ¡¡¡Felipe II soy yo!!! ¿No me habÃa usted conocido?