Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Esta anécdota, que apunta uno de los discípulos de Mairena, explica la fama de loco y de espiritista que acompañó al maestro en los últimos años de su vida.
(*NOTA a “trujeron”: trujeron: en el castellano contemporáneo se trata de un arcaísmo vulgar. Todavía en el Quijote podemos encontrar varios ejemplos que nos demuestran que era forma vigente en el castellano culto del siglo XVII: «...y trújole el huésped una porción de mal remojado y peor cocido bacallao» (I,2). «Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro...» (I,3). «Estas razones del Roto trujeron a la memoria a don Quijote el cuento que le había contado su escudero...» (1,24).
* * *(Cervantes)
Nuestro Cervantes —sigue hablando Mairena a sus alumnos— no mató, porque ya estaban muertos, los libros de caballerías, sino que los resucitó, alojándolos en las celdillas del cerebro de un loco, como espejismos del desierto manchego. Con esos mismos libros de caballerías, épica degenerada, novela propiamente dicha, creó la novela moderna. Del más humilde propósito literario, la parodia, surge —¡qué ironía!— la obra más original de todas las literaturas. Porque esta gloria no podrán arrebatarnos a los españoles: el que lo nuestro, profundamente nuestro, no se parezca a nada.