Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Tal vez, en castigo a nuestro afán de rimas superfluas, nos faltó el verso que regalan las musas al poeta, y que es el verso temporal por excelencia. Acaso ellas nos lo hubieran dictado en un simple romance en «fa», con uso y abuso del pretérito imperfecto, y que, tal vez hubiera sido:
y el huevo ya se cocía,
o algo semejante. Por fortuna, nosotros, después de tantear, corregir y borrar, para escribir de nuevo, supimos, a última hora, romper, y arrojar todo el fruto de nuestro trabajo al cesto de la basura.
* * *—Señor Martínez, salga usted a la pizarra y escriba, para que todos copien, lo que voy a dictarle:
«Yo conocí un poeta de maravilloso natural, y borraba tanto, que sólo él entendía sus escritos, y era imposible copiarlos; y ríete, Laurencio, de poeta que no borra.»
Y ahora, agarraos, hijos, adonde bien podáis, para escuchar lo que voy a deciros. El autor de esas líneas, y probablemente el poeta a que en ellas se alude, fue aquel monstruo de la naturaleza, prodigio de improvisadores, que se llamó Lope Félix de Vega Carpio[71].