Juan de Mairena I

Juan de Mairena I

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Nuestro fracaso en el poemilla a que aludo se debió, en parte —todo hay que decirlo—, a la estrofa que elegimos para su desarrollo. La octavilla* es composición de artificio complicado y trivial, con sus dos versos bobos —el primero y el quinto—, sus agudos obligados —en el cuarto y el octavo—, y su consonancia Catarina y machacona. Es una estrofa de bazar de rimas hechas, que sólo en manos de un gran poeta puede trocarse en algo realmente lírico. Nosotros, meros aprendices de poeta, debemos elegir, para nuestro ejercicios de clase, formas sencillas y populares, que nos pongan de resalto cuanto hay de esencial en el arte métrica. (*NOTA a la octavilla: La octavilla aguda fue estrofa introducida en la poesía castellana en el siglo XVIII, destinada a alcanzar rápido y extenso desarrollo. Andando el tiempo, el esquema más corriente sería: abbé:cddé (los versos primero y quinto no riman, de ahí el nombre de «bobos»). En la lírica romántica fue la estrofa octosilábica más usada; por ejemplo, la utiliza Espronceda en su célebre retrato de don Félix de Montemar en El estudiante de Salamanca (v-v. 100-139). Sin embargo, el Modernismo no frecuentó la octavilla, aunque Manuel Machado compuso poemas con esta estrofa: «La diosa» (Caprichos, 1900-1905) y «Última» (de El mal poema, 1909).


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