Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Mairena no era un recitador de poesÃas. Se limitaba a leer sin gesticular y en un tono neutro, levemente musical. PonÃa los acentos de la emoción donde suponÃa él que los habÃa puesto el poeta. Como no era tampoco un virtuoso de la lectura, cuando leÃa versos —o prosa— no pretendÃa nunca que se dijese: ¡qué bien lee este hombre!, sino: ¡qué bien está lo que este hombre lee!, sin importarle mucho que se añadiese: ¡lástima que no lea mejor! Le disgustaba decir sus propios versos, que no eran para él sino cenizas de un fuego o virutas de una carpinterÃa, algo que ya no le interesaba. OÃrlos declamados, cantados, bramados por los recitadores y, sobre todo, por las recitadoras de oficio, le hubiera horripilado. Gustaba, en cambio, de oÃrlos recitar a los niños de las escuelas populares[72].
* * *Escribiré en tu abanico:
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.
Estos versos[73] de mi maestro Abel MartÃn —habla Mairena a sus alumnos— los encontré en el álbum de una señorita —o que lo fue, en su tiempo— de Chipiona. Y estos otros escritos en otro álbum, y que parecen la coda de los anteriores:
Te abanicarás
con un madrigal que diga: