Juan de Mairena I
Juan de Mairena I me siento ir por una senda clara,
por un «Adiós, Guiomar» enjuto y serio.
Mi maestro exaltaba el valor poético del olvido, fiel a su metafÃsica. En ella —conviene recordarlo— era el olvido uno de los «siete reversos, aspectos de la nada o formas del gran Cero»[75]. Merced al olvido puede el poeta —pensaba mi maestro— arrancar las raÃces de su espÃritu, enterradas en el suelo de lo anecdótico y trivial, para amarrarlas, más hondas, en el subsuelo o roca viva del sentimiento, el cual no es ya evocador, sino —en apariencia, al menos— alumbrador de formas nuevas. Porque sólo la creación apasionada triunfa del olvido.
...¡Sólo tu figura
como una centella blanca
escrita en mi noche oscura!
Y en la tersa arena, cerca de la mar,
Tu carne rosa y morena,
Súbitamente, Guiomar.
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
en el nácar frÃo
de tu zarcillo en mi boca,