Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Don Juan aparece en los albores del Renacimiento, en una sociedad todavÃa jerarquizada por la Iglesia, y con un carácter satánico y blasfematorio. No hay en él un átomo de paganÃa, tampoco de espÃritu mosaico, de Viejo Testamento. Don Juan es héroe de clima cristiano. Su hazaña tÃpica es violar a la monja, sin ánimo de empreñarla. En la tregua del eros genesÃaco, Don Juan no renuncia a la carne, pero sÃ, como el monje, a engendrar en ella. Cuando Don Juan se arrepiente, se mete a fraile —en cierto modo ya lo era—, muy rara vez a padre de familia.
¿Y hasta qué punto —se preguntaba mi maestro— es superfluo para la especie este Don Juan, varón de lujo, que no se cura de acrecentar la prole de Adán? ¿Responde este Don Juan, como el onanista y el homosexual, a una corriente maltusiana? A esta opinión se inclinan muchos, sobre todo los padres de familia, abrumados por la fecundidad de su casto lecho. ¿Es, por el contrario, Don Juan un avivador erótico, que habla a la fantasÃa de la mujer para combatir su frecuente y natural frigidez? ¡Quién sabe! Preguntas son éstas que no atañen a la esencia de Don Juan, sino a su utilidad. No deben interesarnos.
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