Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Y ahora, vamos a lo nuestro, señores. Cantemos al gran Demócrito de Abdera, no sólo por lo bien que suena su nombre, sino, además, y sobre todo, porque a través de veinticuatro siglos, aproximadamente... (Mairena no estaba nunca seguro de sus cifras), vemos, o imaginamos, su ceño sombrÃo de pensador en el acto magnÃfico de desimaginar el huevo universal[86], sorbiéndole clara y yema, hasta dejarlo vacÃo, para llenarlo luego de partÃculas imperceptibles en movimiento más o menos aborrascado, y entregarlo asà a la ciencia matemática del porvenir. Fue grande el acto poético negativo, desrealizador, creador —en el sentido que daba mi maestro a esta palabra — del célebre Demócrito. Nosotros hemos de cantarle, sin olvidar en nuestro poema aquel humor jovial —¡quién lo dirÃa!— que le atribuye la leyenda, y la nobleza de su vida y la suave serenidad de su muerte.
* * *(Sobre los modos de decir y pensar.)
Se miente más que se engaña;
y se gasta más saliva
de la necesaria...[87].
Si nuestros polÃticos comprendieran bien la intención[88] de esta sentencia de mi maestro, ahorrarÃan las dos terceras partes, por lo menos, de su llamada actividad polÃtica.