Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Mairena tenÃa una idea del folklore que no era la de los folkloristas de nuestros dÃas. Para él no era el folklore un estudio de las reminiscencias de viejas culturas, de elementos muertos que arrastra inconscientemente el alma del pueblo en su lengua, en sus prácticas, en sus costumbres, etcétera. Mairena vivÃa en una gran población andaluza, compuesta de una burguesÃa algo beocia*, de una aristocracia demasiado rural y de un pueblo inteligente, fino, sensible, de artesanos que saben su oficio y para quienes el hacer bien las cosas es, como para el artista, mucho más importante que el hacerlas[90]. Cuando alguien se lamentaba del poco arraigo y escaso ambiente que tenÃa allà la Universidad, Mairena, que habÃa estudiado en ella y le guardaba respeto y cariño, solÃa decir: «Mucho me temo que la causa de eso sea más profunda de lo que cree. Es muy posible que, entre nosotros, el saber universitario no pueda[91] competir con el floklore, con el saber popular. El pueblo sabe más, y sobre todo, mejor que nosotros. El hombre que sabe hacer algo de un modo perfecto —un zapato, un sombrero, una guitarra, un ladrillo— no es nunca un trabajador inconsciente, que ajusta su labor a viejas fórmulas y recetas, sino un artista que pone toda su alma en cada momento de su trabajo. A este hombre no es fácil engañarle con cosas mal sabidas o hechas a desgana.» Pensaba Mairena que el folklore era cultura viva y creadora de un pueblo de quien habÃa mucho que aprender, para poder luego enseñar bien a las clases adineradas.