El Corán
El Corán 14. Y cuando decretamos su muerte, no tuvieron más indicio de ella que la carcoma, que se puso a roer su cayado. Y, cuando se desplomó, vieron claramente los genios que, si hubieran conocido lo oculto, no habrÃan permanecido tanto tiempo en el humillante castigo.
15. Los saba tenÃan un signo en su territorio: dos jardines, uno a la derecha y otro a la izquierda. «¡Comed del sustento de vuestro Señor y dadle gracias! Tenéis un buen paÃs y un Señor indulgente».
16. Pero se desviaron y enviamos contra ellos la inundación de los diques. Y les cambiamos aquellos dos jardines por otros dos que producÃan frutos amargos, tamariscos y unos pocos azufaifos.
17. Asà les retribuimos por su ingratitud. No castigamos sino al desagradecido.
18. Entre ellos y las ciudades que Nosotros hemos bendecido establecimos otras ciudades, cerca unas de otras, y determinamos el tránsito entre ellas: «¡Id de una a otra, de dÃa o de noche, en seguridad!»
19. Pero dijeron: «¡Señor! ¡Alarga nuestros recorridos!» Y fueron injustos consigo mismos. Los hicimos legendarios y los dispersamos por todas partes. Ciertamente, hay en ello signos para todo aquél que tenga mucha paciencia, mucha gratitud.
20. Iblis confirmó la opinión que se habÃa formado de ellos. Le siguieron todos, menos un grupo de creyentes.