El Corán
El Corán 265. Quienes gastan su hacienda por deseo de agradar a Dios y por su propio fortalecimiento son semejantes a un jardín plantado en una colina. Si cae sobre él un aguacero, da fruto doble; si no cae, rocío. Dios ve bien lo que hacéis.
266. ¿Desearía alguno de vosotros poseer un jardín de palmeras y vides por cuyo bajo fluyeran arroyos, con toda clase de frutos, envejecer mientras sus hijos son aún débiles y que un torbellino de fuego cayera sobre el jardín y éste se incendiara? Así os explica Dios las aleyas. Quizás, así meditéis.
267. ¡Creyentes! ¡Dad limosna de las cosas buenas que habéis adquirido y de lo que, para vosotros, hemos sacado de la tierra! Y no elijáis lo malo para vuestras limosnas, como tampoco vosotros lo tomaríais a menos que tuvierais los ojos cerrados. Sabed que Dios Se basta a Sí mismo, es digno de alabanza.
268. El Demonio os amenaza con la pobreza y os ordena lo deshonesto, mientras que Dios os promete Su perdón y favor. Dios es inmenso, omnisciente.
269. Concede la sabiduría a quien Él quiere. Y quien recibe la sabiduría recibe mucho bien. Pero no se dejan amonestar sino los dotados de intelecto.
270. Sea cual sea la limosna que deis, sea cual sea el voto que hagáis, Dios lo conoce. Y los impíos no tendrán quien les auxilie.