Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Ya hacía tiempo que, obligado por las circunstancias, había yo abandonado mi cuarto y transportado a otra parte mis lares. ¡Vaya una desgracia!, se me dirá. ¿Pero cómo reemplazar a Joannetti y a Rosina? ¡Ah! ¡Eso no es posible! Joannetti se me había hecho tan necesario, que su pérdida no será jamás compensada para mí. ¿Quién puede, por lo demás, vanagloriarse de vivir siempre con las personas que le son queridas? Semejantes a esos enjambres de moscardones que vemos revolotear en los aires en las hermosas noches de verano, los hombres se encuentran por azar y por bien poco tiempo. Felices todavía si en sus movimientos rápidos se dan tanta maña como los moscardones y no se rompen la cabeza unos contra otros.
Me acosté una noche. Joannetti me sirvió con su celo acostumbrado, y hasta parecía más cuidadoso. Cuando se llevó la luz le eché una mirada, y vi una alteración señalada sobre su fisonomía. ¿Iba a creer, sin embargo, que el pobre Joannetti me servía por última vez? No mantendré al lector en una incertidumbre más cruel que la verdad. Prefiero decirle sin rodeos que Joannetti se casó aquella misma noche y me abandonó al día siguiente.