Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion La ventana de que he hablado se elevaba por encima del tejado y constituía un precioso ventanillo. Su altura sobre el horizonte era tan grande, que cuando los primeros rayos del Sol venían a iluminarla, todavía la calle permanecía envuelta en sombras. Así es que también disfrutaba de una de las más hermosas vistas que pueden imaginarse. Pero las vistas más hermosas acaban pronto por cansarnos cuando se contemplan con demasiada frecuencia; los ojos se habitúan y se acaba por no hacer ningún caso. La situación de mi ventana me preservaba también de este inconveniente, porque no vela nunca el magnífico espectáculo de la campiña de Turín sin tener que subir cuatro o cinco escalones; lo cual me procuraba un goce siempre vivo, porque era poco frecuente. Cuando, cansado, quería proporcionarme un agradable recreo, terminaba mi jornada subiéndome a la ventana.
Desde el primer escalón no veía aún más que el cielo; no tardaba en aparecer ante mis ojos el templo colosal de Supergio. La colina de Turín sobre la cual descansa se iba elevando poco a poco ante mí, cubierta de bosques y de ricos viñedos, mostrando con orgullo al sol poniente sus jardines y sus palacios, mientras que unas viviendas sencillas y modestas parecían esconderse a medias en los valles para servir de retiro al hombre prudente y favorecer sus meditaciones.