Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Un sentimiento desagradable turbaba, no obstante, el placer que yo experimentaba entregándome a estas meditaciones. ¡Cuán pocas personas, me decía a mi mismo, disfrutan ahora conmigo el espectáculo sublime que el cielo muestra inútilmente a los hombres aletargados!... Bien está, tratándose de los que duermen; ¿pero qué les costaría a los que se pasean, a los que salen en tropel del teatro, mirar un instante y admirar las brillantes constelaciones que irradian por todas partes sobre sus cabezas? No; los espectadores atentos de Scapin o de Jocrisse tendrán a menos alzar la mirada; van a volver estúpidamente a su casa, o donde sea, sin pensar que el cielo existe... ¡Qué cosa más rara!... Porque se le puede ver con frecuencia y gratis, no quieren mirarlo. Si el firmamento permaneciese siempre velado a nuestra vista; si el espectáculo que nos ofrece dependiera de un empresario, los palcos de preferencia en los tejados valdrían un dineral y las damas de Turín se disputarían con furor una luneta.
—¡Oh, si yo fuera soberano de un país —exclamé presa de justa indignación—, haría cada noche tocar a rebato y obligaría a mis súbditos de todas las edades, de todo sexo y de toda condición, a asomarse al balcón y a contemplar las estrellas!...