Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Vi entonces en un balcón, a mi izquierda, un poco más abajo de mÃ, a una mujer joven que llevaba un peinador blanco; su mano sostenÃa su linda cabeza, lo bastante inclinada para dejar entrever, al reflejo de los astros, el perfil más interesante, y su actitud parecÃa imaginada para presentar a plena luz a un viajero aéreo, como yo, un talle esbelto y bien marcado; uno de sus pies desnudos, echado con negligencia hacia atrás, estaba vuelto de manera que me era posible, a pesar de la oscuridad, presumir sus dimensiones proporcionadas, mientras que una preciosa sandalia, de que se habÃa descalzado, las determinaba todavÃa mejor a mis ojos curiosos. Ya podrá usted figurarse, mi querida SofÃa, cuánta era la violencia de mi situación. No me atrevÃa a lanzar la más mÃnima exclamación, por miedo de asustar a mi hermosa vecina, ni a hacer el menor movimiento, por miedo de caerme a la calle. No obstante, se me escapó un suspiro a pesar mÃo; pero me dio tiempo a contenerme en la mitad: el resto fue llevado por el céfiro que pasaba, y pude examinar a mis anchas a la soñadora, manteniéndome en esta posición peligrosa con la esperanza de oÃrla cantar de nuevo. Pero, ¡ay!, la romanza se habÃa concluido y mi infausto destino la hizo guardar el silencio más obstinado. En fin: después de haber esperado un gran rato, me pareció poder atreverme a dirigirla la palabra; no se trataba más que de encontrar una galanterÃa digna de ella y del sentimiento que me habÃa inspirado. ¡Oh, cuánto sentà no haber terminado mi epÃstola dedicatoria en verso! ¡Qué ocasión más a propósito para haberla empleado! Mi presencia de espÃritu no me abandonó en este trance. Inspirado por la dulce influencia de los astros y por el deseo, más poderoso cada vez, de salir airoso cerca de una beldad, después de haber tosido ligeramente para prevenirla y para hacer más suave el sonido de mi voz: «Hace un tiempo hermoso esta noche», la dije con el tono más afectuoso que me fue posible.