Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Al ruido que hago levantando la losa que la cubre, la infortunada saca la cabeza desgreñada del suelo húmedo del sepulcro. La veo, a la luz de la lámpara sepulcral, lanzar en torno suyo miradas extraviadas; en su delirio, la desgraciada víctima cree estar ya en las orillas del Cocito. «¡Oh, Minos! —exclama—; ¡oh, juez inexorable!; yo amaba, es cierto, en la Tierra, contraviniendo las leyes severas de Vesta. ¡Si los dioses son tan bárbaros como los hombres, abre, abre para mí los abismos del Tártaro! Amaba y amo todavía.» «No, no; no estás aún en el reino de los muertos; ¡ven, joven infortunada, vuelve a la Tierra y vuelve a renacer a la luz y al amor!» Cogí al mismo tiempo su mano, ya helada por el frío de la tumba; la levanté en mis brazos, la apreté contra mi corazón y la arranqué, en fin, de aquel siniestro lugar, palpitante de espanto y de agradecimiento.