Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Me regocijaba por haber encontrado esta definición del tiempo, tan tenebrosa como el tiempo mismo, cuando otro reloj dio las doce de la noche; lo cual me procuró un sentimiento desagradable. Me queda siempre un fondo de mal humor cuando me he ocupado inútilmente de un problema insoluble, y me parecÃa muy poco a propósito aquella segunda advertencia de la campana dirigida a un filósofo como yo. Pero sentà de veras un verdadero despecho, unos segundos después, al oÃr a lo lejos la tercera campana, la del convento de los capuchinos, situado en la otra orilla del Po, dar también las doce, como si lo hiciera con malicia.
Cuando mi tÃa llamaba a una vieja criada algo arisca, por la que tenÃa bastante afecto, sin embargo, no se contentaba, en su impaciencia, con tirar una sola vez del cordón de la campanilla, sino que tiraba sin parar hasta que la criada acudÃa. «Vamos, venga usted, señorita Branchet.» Y ésta, incomodada por aquellas prisas, acudÃa despacito y respondÃa con mucha acritud, antes de entrar en el salón: «Ya voy, señora, ya voy.» Parecido fue el sentimiento malhumorado que experimenté al oÃr la campana indiscreta de los capuchinos dar las doce por tercera vez. «Ya lo sé —exclamé, tendiendo las manos en dirección del reloj—; si ya lo sé; sé que son las doce; de sobra que lo sé.»