Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Es, a no dudarlo, merced a un consejo insidioso del espÃritu maligno por lo que los hombres han encargado a esa hora dividir los dÃas. Encerrados en sus habitaciones, duermen o se divierten, mientras la hora fatal corta un hilo de su existencia; al dÃa siguiente se levantan alegremente, sin sospechar ni remotamente que ha pasado un dÃa más. En vano la voz profética del bronce les anuncia la proximidad de la eternidad; en vano les repite tristemente cada hora que pasa; nada oyen, o si oyen, no comprenden. ¡Oh, medianoche.... hora terrible!... No soy supersticioso; pero esta hora me inspiró siempre una especie de temor, y tengo el presentimiento de que si alguna vez me he de morir será a la medianoche. ¿Me habré de morir, pues, algún dÃa? ¿Cómo me moriré? Yo, que hablo, que me siento a mà mismo, que me palpo, ¿yo habré de morir? Me cuesta algún trabajo creerlo, porque, en fin, que los demás se mueran, no hay cosa más natural; eso lo vemos todos los dÃas; vemos pasar a los muertos, ya estamos acostumbrados; pero morirse uno mismo, morirse en persona, ¡eso es un poco fuerte! Y ustedes, señores, que toman estas reflexiones como si fueran un galimatÃas, sabed que tal es la manera de pensar de todo el mundo, y la de usted también. Nadie piensa en que se ha de morir. Si existiera una raza de hombres inmortales, la idea de la muerte les horrorizarÃa más que a nosotros.