En una pension alemana
En una pension alemana —¿Quién es? —pregunté—. ¿Por qué ha de sentarse siempre solo y además darnos la espalda?
—Ah —me susurró Frau Oberregierungsrat [5]—, es un barón.
Me contempló gravemente y sin demasiado desdén. Con expresión de ¿cómo-no-lo-habrá-reconocido-al-primer-golpe-de-vista?
—Pero no es culpa suya, pobre hombre —le dije—. Este hecho infortunado no debiera excluirle por ningún concepto de los goces del comercio intelectual.
De no haber tenido en la mano el tenedor, creo que se hubiera santiguado.
—No me ha comprendido, sin duda. Es uno de los antiguos barones.
Excitada más que otro poco, se volvió para hablar con Frau Doktor, que estaba a su izquierda.
—Mi tortilla está hueca, ¡hueca! —protestó—, y ésta es la tercera que pruebo.
Miré al más antiguo de los barones. Estaba comiendo ensalada; habÃa clavado en el tenedor una hoja entera de lechuga y la iba absorbiendo poco a poco con gesto conejil. Algo digno de verse.