En una pension alemana
En una pension alemana —¿Dónde está tu mamá?
—En la cocina-planchando-porque-es-maar-tes.
Las dos mujeres se rieron y ella rió también.
—Hum —les dijo—, me parece que no tenéis muy limpios los dientes. ReÃros otra vez.
Y las dos mujeres morenas de nuevo rieron y otra vez se pusieron a hablar entre ellas con palabras muy raras y muy raros movimientos de brazos.
—¿Cómo te llamas? —le preguntaron.
—Pearl Button.
—¿Quieres venir con nosotras, Pearl Button? Tenemos cosas muy bonitas que enseñarte —le dijo en voz baja una de las mujeres.
Y Pearl, dejándose caer del lado de la calle, bajó de la puertecita y echó a andar entre las dos mujeres morenas por el camino batido por el viento, dan— ! do de vez en cuando pequeñas carreritas, para no quedarse atrás, y preguntándose qué serÃa lo que aquellas mujeres tenÃan en su casa de cuartitos chiquitos como cajones.
Anduvieron mucho.
—¿Estás cansada? —le preguntó una de las mujeres inclinándose hacia ella.
Pearl dijo que no con la cabeza, y siguieron andando, andando.
—¿No estás cansada? —le preguntó la otra mujer.