En una pension alemana
En una pension alemana Ella se sacudió la cabellera para mirarle.
—Henry, déjame el programa.
—Aquà lo tienes. Podemos leerlo juntos. Yo lo sostendré.
—No, déjamelo.
—Bueno, entonces te lo leeré yo.
—No, te lo dejaré luego.
—¡Edna! —suspiró él.
—Por favor —suplicó ella—. Aquà no... La gente...