En una pension alemana
En una pension alemana Un brandy con soda...
Un brandy con soda, por favor...
Un brandy con soda, por favor...
El doctor le dio la mano, que ella estrechó con repugnancia, y se alejó con Roy por el pasillo. Les oyó discutir la cuestión de los honorarios.
Al cabo de unos instantes se cerró la puerta y unos pasos se alejaron rápidamente. Roy volvió a entrar en el salón y ella estaba ahora en sus brazos. La besaba apasionadamente, mientras murmuraba a su oído:
—¡Cariño, amor mío, mi vida! Se puso a sollozar quedamente.
—¡Oh! ¡Qué alivio, Dios mío! —La abrazaba estrechamente, como si nunca hasta aquel momento se hubiese dado cuenta de que podía perderla—. ¡Si supieras el miedo que he pasado! —añadió.
Volvió a besarla.
—Si la cosa hubiera ido mal, creo que me hubiera muerto... ¡He pensado unas cosas tan terribles...! ¡Tan terribles...!