En una pension alemana

En una pension alemana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Elhilopordelantedelaaguja...» Se sentó junto a la ventana del comedor que daba a la calle. Era un desagradable día de otoño. El viento corría por la calle como un perro flaco. Las casas de enfrente parecían haber sido recortadas con unas malvadas tijeras de acero, y pegadas sobre el papel gris del cielo. No se veía un alma.

«Y coger dos puntos a un tiempo.» El reloj dio las tres. ¿Nada más las tres? Si casi parecía que estaba obscureciendo. La penumbra del atardecer penetraba en la habitación, flotaba en ella pesadamente, y como un polvo sombrío se iba depositando sobre los muebles y cubriendo el espejo de una leve película. Ahora el reloj de la cocina dio la hora; con dos minutos de retraso. Pero el del comedor era el reloj que regía, no el de la cocina. Estaba sola en la casa. Dollicas había salido de compras. Salió a las dos menos cuarto. La verdad, cada día se hacía más cachazuda. No se sabía en qué pasaba el tiempo. Porque para comprar un pollo no se necesita tanto. Y, ¡ay!, esa costumbre suya de dejar caer de golpe los cercos del fogón cuando encendía el fuego... Al pensar en aquella mala costumbre de Dollicas, frunció los labios como lo venía haciendo desde hacía treinta y cinco años.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker