En una pension alemana
En una pension alemana —Visitará München [3], naturalmente.
—Temo que no me alcance el tiempo. Ya sabe que es muy importante no interrumpir el tratamiento.
—Pues tiene que ir usted a München. No habrá visto Alemania si no ha estado en München. Todas las Exposiciones y todo el Arte y el Alma vÃvida de Alemania se encuentran en München. Hay en agosto un festival de Wagner. Y, además, Mozart, una colección de pinturas japonesas... y la cerveza. No sabrá lo que es la buena cerveza si no va a München. Como que yo he visto damas distinguidas, pero muy distinguidas, bebiéndose vasos asà de grandes —sonreà al verle señalar un gran lavamanos colocado en alto.
—Cuando bebo mucha cerveza de München, sudo otro tanto —dijo Herr Hoffmann—. Estando aquà o en el campo o antes del baño, me agrada sudar. En la ciudad no ocurre lo mismo.
Inspirado por este pensamiento se enjugó cuello y rostro con la servilleta y también se limpió meticulosamente los oÃdos.
Una fuente de cristal con albaricoques en almÃbar fue colocada en la mesa.
—¡Oh, la fruta! —exclamó Fräulein Stiegelauer—. ¡Es tan necesaria para la salud! El médico me dijo esta mañana que cuanta más fruta comiera, mejor.
El viajante dijo:
