Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Al general Arredondo, mi jefe inmediato entonces, le debo, querido Santiago, el placer inmenso de haber comido una tortilla de huevos de avestruz en Nagüel Mapo, de haber tocado los extremos una vez más. Si él me niega la licencia, me quedo con las ganas, y no te gano la delantera.
Siempre le agradeceré que haya tenido conmigo esa deferencia, y que me manifestara que creÃa muy arriesgada mi empresa, probándome asà que mi suerte no le era indiferente. Sólo los que no son amigos pueden conformarse con que otro muera estérilmente… y en la oscuridad.
La nueva lÃnea de fronteras de la provincia de Córdoba no está ya donde tú la dejaste cuando pasaste para San Luis, en donde tuviste la fortuna de conocer aquel tipo que te decÃa un dÃa en el Morro: —¡Yo no deseo, señor don Santiago, visitar la Europa por conocer el Cristal Palais ni el Buckingham Palace, ni las TullerÃas, ni el London Tunnel sino por ver ese Septentrión, ¡ese Septentrión!
Está la nueva lÃnea sobre el RÃo Quinto, es decir que ha avanzado veinticinco leguas, y que al fin se puede cruzar del RÃo Cuarto a Achiras sin hace testamento y confesarse.
Muchos miles de leguas cuadradas se han conquistado.