Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Más allá de un lugar en el que hay agua y leña, y cuyo nombre es Ralicó, el terreno se dobla sensiblemente formando varios médanos elevados, y es de allà de, donde se divisan ya los montes del Cuero.
Los campos comienzan a cambiar de fisonomÃa y la vista no se cansa tanto espaciándose por la sábana Inmensa del desierto solitario, triste, imponente, pero monótona como el mar en calma.
Sin contrastes, hay existencia, no hay vida.
Vivir es sufrir y gozar, aborrecer y amar, creer y dudar, cambiar de perspectiva fÃsica y moral.
Esta necesidad es tan grande, que cuando yo estaba en el Paraguay, Santiago amigo, voy a decirte lo que solÃa hacer, cansado de contemplar desde mi reducto de Tuyutà todos los dÃas la misma cosa; las mismas trincheras paraguayas, los mismos bosques, los mismos esteros, los mismos centinelas; ¿sabes lo que hacÃa?
Me subÃa al merlón de la baterÃa, daba la espalda al enemigo, me abrÃa de piernas, formaba una curva con el cuerpo y mirando al frente por entre aquéllas, me quedaba un instante contemplando los objetos al revés.