Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

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Era indudable que la tormenta había impedido que los chasquis continuaran su camino, que habían dormido en Ralicó, y que sólo me llevaban un par de horas de ventaja.

Si no se apuraban, o si por apurarse demasiado fatigaban los caballos, íbamos a llegar a las tolderías del Rincón, que así se llaman las primeras, casi al mismo tiempo.

A cada criatura le ha dado Dios su instinto, su pensamiento, su acento, su alma, su carácter, por fin, Confieso que este incidente me contrarió sobremanera.

O les daba tiempo a los chasquis para que su comisión surtiera efecto, deteniéndome un día en el camino, o seguía mi viaje sin curarme de ellos, corriendo el riesgo de llegar primero.

Es de advertir que del Cuero salen dos caminos,

Uno va por Lonco-uaca —lonco quiere decir cabeza y uaca vaca—, y otro por Bayo-manco, que al ocuparme de la lengua ranquelina se verá lo que quiere decir.

Estos dos caminos se reúnen en Utatriquin, y de allí la rastrillada sigue sin bifurcarse hasta la Laguna Verde.

El camino de Lonco-uaca da una pequeña vuelta.

Pero tiene sobre el de Bayo-manco la ventaja de que en él no falta jamás agua, mientras que en el otro no se halla sino cuando el año no está de seca.


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