Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Con ellos invadÃa generalmente, agregándose algunas veces a los grandes malones.
Como en aquel entonces los campos al sur del RÃo Quinto y el RÃo Cuarto eran una misma cosa —dominio de los indios—, las invasiones se sucedÃan semanalmente, dÃa por medio, y hasta diariamente.
El héroe de estas hazañas era, por lo común, el indio Blanco.
El camino del RÃo Cuarto a Achiras fue cien veces campo de sus robos y crueldades.
A mi llegada al RÃo Cuarto era imposible dejar de hablar del indio Blanco; porque, ¿a dónde se iba que no oyera uno mentar los estragos de sus depredaciones?
¿Quién no lamentaba sus ganados robados, lloraba algún deudo muerto o cautivo?
El tal indio tenÃa un prestigio terrible.
Yo era, de consiguiente, su rival.
Me propuse, antes de avanzar la frontera, desalojarlo del Cuero, incomodarlo, alarmarlo, robarlo, cualquier cosa por el estilo.
Pero no querÃa hacer esta campaña con soldados. La disciplina suele tener los inconvenientes de sus ventajas.
Busqué un contrafuego, acordándome de la máxima de los grandes capitanes: al enemigo batirlo con sus mismas armas.