Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Y si un ferrocarril, a más de las ventajas del terreno, de la lÃnea recta, de las necesidades del presente y del porvenir, debe consultar la estrategia nacional, ¿qué trayecto mejor calculado para conquistar el desierto que el que indico?
La impaciencia patriótica puede hacernos incurrir en grandes errores; el estudio paciente hará que no caigamos en la equivocación.
No puedo hablar como un sabio: hablo como un hombre observador. Tengo la carta de la República en la imaginación y me falta el teodolito y el compás.
Los peligros para el trabajo son más imaginarios que reales. Oportunamente podrÃa ocuparme de este tópico. Por el momento me atreveré a avanzar que yo con cien hombres armados y organizados de cierta manera, responderÃa de la vida y del éxito de los trabajadores.
Incito a meditar sobre este gran problema del comercio y de la civilización.
No he visto jamás en mis correrÃas por la India, por áfrica, por Europa, por América, nada más solitario que estos montes del Cuero.
Leguas y leguas de árboles secos, abrasados por la quemazón; de cenizas que envueltas en la arena, se alzan al menor soplo de viento; cielo y tierra; he ahà el espectáculo.
Aquello entenebrecÃa el alma. Las cabalgaduras iban ya sedientas. Chamalcó estaba cerca.