Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Y como siempre que bajo ciertas impresiones levantamos nuestro espÃritu, la visión de la Patria se presenta, y pensé un instante en el porvenir de la República Argentina el dÃa en que la civilización, que vendrá con la libertad, con la paz, con la riqueza, invada aquellas comarcas desiertas, destituidas de belleza, sin interés artÃstico, pero adecuadas a la crÃa de ganados y a la agricultura.
Allà hay pastos abundantes, leña para toda la vida, y agua la que se quiera sin gran trabajo, como que inagotables corrientes artesianas surcan las Pampas convidando a la labor.
Cada médano es una gran esponja absorbente; cavando un poco en sus valles, el agua mana con facilidad.
La mente de los hombres de Estado se precipita demasiado, a mi juicio, cuando en su anhelo de ligar los mares, el Atlántico con el PacÃfico, quieren llevar el ferrocarril por el RÃo Quinto.
La lÃnea del Cuero es la que se debe seguir, Sus bosques ofrecen durmientes para los rieles, cuantos se quieran; combustible para las voraces hornallas de la impetuosa locomotora.
Son iguales a los de Yuca, cuya explotación ha hecho y sigue haciendo la empresa del Gran Central Argentino.
Estos campos son mejores que aquellos.