Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Con efecto, fijando la vista al frente y estando prevenida la imaginación, descubrà varios pelotones de indios armados.
—Parémonos, señor —me dijo Mora.
—No, sigamos —repuse—, pueden creer que tenemos miedo, o desconfiar. Adelantémonos, más bien.
Dejé mi comitiva atrás, aunque mi caballo iba bastante fatigado, y apartándome del camino, que ya habÃamos encontrado, y poniéndome al galope, me dirigà al grupo más numeroso de indios.
Tendiendo la vista en ese momento a mi alrededor, vi que me hallaba circulado de enemigos o de curiosos. Poco iba a tardar en saber lo que eran.
Vinieron a decirme que estábamos rodeados.
—Que avancen al tranco —contesté, y seguà al galope.
Rápidos como una exhalación, varios pelotones de indios estuvieron encima de mÃ.
Es indescriptible el asombro que se pintaba en sus fisonomÃas.