Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Después de los padres, se levantaron y ocuparon su puesto los oficiales, y la conversación se hizo general, ponderando todos sin excepción alguna lo bien que habían dormido.
Los padres no necesitaban jurarlo.
El indio era muy ladino; nos entretuvo un rato contándonos una porción de historias; entre ellas nos habló de un pariente suyo que había vivido sin cabeza; de unos indios que diz que vivían en tierras muy lejanas, que se alimentaban con sólo el vapor del puchero; de otros que corren tan ligero como los avestruces, que tienen las pantorrillas adelante, pretendiendo hacernos creer que todo cuanto decía era verdad.
Yo no sé si él lo creía, pero parecía creerlo.
Varias veces le pregunté si él había visto esas cosas.
Me contestó que no, que su padre se las había contado.
Por supuesto, que éste tampoco las había visto; se las había contado el abuelo de nuestro interlocutor.