Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Gracias, hijo —le contesté—, ¿para qué te has incomodado? Apéate, tomaremos un mate y me contarás tú vida.
Apeóse del caballo, maneólo, sentóse cerca de mà y después de algunas palabras de comedimiento dirigidas a los franciscanos, nos contó su historia.
En ese instante gritaron que se avistaban, saliendo del monte, unos bultos colorados.
Ya sabremos lo que era.