Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Y, ¿cómo ha ido por el camino? —le pregunté.
—Medio mal, mi Coronel —me contestó.
—¿Por qué no me habÃas dicho nada?
—Porque usÃa no me preguntó nada.
—Yo creÃa que no hubiera habido novedad, y tú debÃas haber pedido la venia para hablarme.
El cabo agachó la cabeza y no contestó.
—Bueno, pues, cuéntame lo que te ha sucedido.
—Señor, cuando Ãbamos llegando a un charco que está allacito no más, cerca del médano de la Verde, me salió un indio malazo, con cuatro más, diciéndome:
“Ese soy Wenchenao, ése mi toldo, ésa mi tierra. ¿Con permiso de quién pasando?
“Voy con el coronel Mansilla.
“Ese coronel Mansilla, ¿con permiso de quién pisando mi tierra?
“Eso no sé yo, amigo, déjeme seguir mi camino.
“Los indios nos ponÃan las lanzas en el pecho y las hincaban a las mulas en el anca para hacerlas parar…
“No siguiendo, camino si no pagando:
“¿Y qué quiere que le pague, amigo? ¿No ve que lo que llevamos es para el cacique Mariano?.
“Entonces dando, mejor. Mariano teniendo mucho; padre Burela viniendo con mucho aguardiente.