Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Esta táctica socarrona no la emplea el indio solamente en sus relaciones con los cristianos. Disimulado y desconfiado por carácter y por educación, asà procede en todas las circunstancias de su vida. Tiene mil reservas en todo y mil cosas reservadas. No hay indio que no sea poseedor de uno o unos cuantos secretos, sin importancia, quizá, pero que no descubrirá sino por interés. Este conoce él sólo una laguna, aquel un médano, el otro una cañada; éste una yerba medicinal, aquel un pasto venenoso; el otro una senda extraviada por el bosque. Y asà dicen, no como los cristianos: —Yo conozco una laguna, una yerba, una senda que nadie conoce; sino: —Yo tengo una laguna, y una yerba, una senda que nadie conoce, que nadie ha visto, por donde nadie ha andado.
Decididamente, hoy estoy fatal para las digresiones. Tomé el hilo más arriba y me apercibo que lo he vuelto a dejar. Para dejarlo del todo, me falta decir lo que es la conversación en junta.