Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Ahora, cincuenta se dice quehú-marÃ; doscientos, epú-pataca; ocho mil, purrá-barranca; y cien mil, pataca-barranca.
Y esto prueba dos cosas:
1º Que teniendo la noción abstracta del número comprensivo de infinitas unidades, como un millón, que en su lengua se dice marÃ-pataca-barranca, estos bárbaros no son tan bárbaros ni tan obtusos como muchas personas creen.
2º Que su sistema de numeración es igual al teutónico, según se ve por el ejemplo de quehú-marÃ, que vale tanto como cincuenta, pero que gramaticalmente es cinco-diez.
Si hay quien se haya afligido porque nuestro sistema parlamentario se parece al de los ranqueles, ¡consuélese, pues!
Los alemanes, justamente orgullosos de ser paisanos de Schiller y de Goethe, se parecen también a ellos. Bismarck, el gran hombre de Estado, contarÃa las águilas de las legiones vencedoras en Sadowa, lo mismo que el indio Mariano Rosas cuenta sus lanzas al regresar del malón.
Pero la nube de arena avanza…