Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Destacó un indio sobre los que venÃan diciéndole no sé qué. Los otros hicieron lo mismo.
Llegó el heraldo, habló con Caniupán y éste me dijo:
—Ahora topando, hermano.
—Cuando quiera topando, hermano.
Y esto diciendo nos pusimos al gran galope.
Los otros nos imitaron; venÃan formados en orden de batalla, haciendo flamear tres grandes banderas coloradas, colocadas en largas cañas, que ocupaban los extremos y el centro de la lÃnea.
Marchamos asà hasta quedar distantes unos de otros como cuatrocientos metros.
Caniupán me dijo:
—Cerquita ya, topando.
—Topando —le contesté.
Él se lanzó a toda brida; yo le seguÃ, y los buenos franciscanos, haciendo de tripas corazón, imitaron mi ejemplo.
Cuando Ãbamos materialmente a toparnos, sujetamos simultáneamente unos y otros, quedando distantes veinte pasos.
El que presidÃa el parlamento destacó su orador.
Caniupán destacó el suyo.
Colocáronse equidistantes de sus respectivos grupos, mirando el uno al oriente y el otro al occidente, y comenzó el parlamento.