Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Yapaà —contesté horripilado; yo podÃa beber una botella de vino en una sentada, pero un cuerno, al mejor se lo doy.
En ese instante y mientras Epumer apuraba el cuerno, una voz suave me dijo al oÃdo:
—No tenga cuidado. Aquà estoy yo.
Di vuelta sorprendido, y me hallé con una fisonomÃa infantil, pero enérgica.
—Y ¿quién eres tú?
—Un cristiano, Miguelito.