Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles TeorÃa sobre el ideal. Miguelito continúa contando su historia. Cuadro de costumbres.
Toda narración sencilla, natural, sin artificios ni afectación, halla eco simpático en el corazón.
El ideal no puede realizarse sino manteniéndonos dentro de los lÃmites de la naturaleza.
¿O no existe, o no es verdad?
¿O no hay belleza plástica: rasgos, lÃneas, forma humana perfectas?
¿O no hay belleza aérea: accidentes, fenómenos fugitivos, perfección moral?
Miguelito me habÃa cautivado.
Era como una aparición novelesca en el cuadro romántico de mi peregrinación; de la azarosa cruzada que yo habÃa emprendido devorado por una fiebre generosa de acción, con una idea determinada, y digo determinada, porque siendo la capacidad del hombre limitada, para hacer algo útil, grande o bueno, tenemos necesariamente que circunscribir nuestra esfera de acción.
Viendo el tinte de tristeza que vagaba por su simpática fisonomÃa, lo dejé un rato replegado sobre sà mismo, y cuando la nube sombrÃa de sus recuerdos se disipó, le dije:
—Continúa, hijo, la historia de tu vida; me interesa.
Miguelito continuó.