Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Todas las noches, señor, y de ahà vino mi desgracia y la de toda mi familia, —contestó con amargura, envolviéndose en una nube de melancolÃa.
¡Pobre Miguelito!, exclamé interiormente; admirando aquella ingenuidad infantil en un hombre cuyo brazo habÃa estado resuelto, por simpatÃa hacia mÃ, a darle una puñalada al tremendo y temido Epumer.