Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¡Ah!, esta civilización nuestra puede jactarse de todo, hasta de ser cruel y exterminadora consigo misma. Hay, sin embargo, un título modesto que no puede reivindicar todavía; es haber cumplido con los indígenas los deberes del más fuerte. Ni siquiera clementes hemos sido. Es el peor de los males.

La presencia de los franciscanos no fue un obstáculo para que siguiera funcionando el acordeón.

Yo estaba impaciente por entrar en el toldo de Mariano y conocer su familia.

En una de las vueltas que el negro daba, sentándose acá y allá, se puso a mi lado.

—Mira, le dije al oído, si sigues tocando, en cuando llegue al Río Cuarto mandaré lo que te dije, el organito para Mariano.

Me miró como diciéndome: «por piedad, no»; y haciendo callar el instrumento y dirigiéndose a Mariano, le dijo:

—Ya está todo pronto.

Mariano me invitó entonces a pasar al toldo, se puso de pie y me enseñó el camino.

Le seguí, dejando a los franciscanos con las visitas en la enramada. Entramos.

Sus mujeres, que eran cinco, sus hijas que eran tres y sus hijos, que eran Epumer, Waiquiner, Amunao, Lincoln, Duguinao y Piutrin, estaban sentados en rueda.

A cierta distancia había un grupo de cautivas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker