Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Las chinas me saludaron con la cabeza, los varones se pusieron de pie, me dieron la mano y me abrazaron.
Las cautivas con la mirada. Me conmovieron.
¿Quién no se conmueve con la mirada triste y llorosa de una mujer?
Mariano me enseñó un asiento, me senté; él se puso a mi lado dándome la izquierda.
Enfrente habÃa otra fila de asientos. Entraron varios indios y los ocuparon. Eran indios predilectos de Mariano.
Las chinas se levantaron y se pusieron en movimiento. En el medio del toldo habÃa tres fogones en lÃnea y en cada uno de ellos humeaban grandes ollas de puchero y se tostaban gordos asados.
Un toldo es un galpón de madera y cuero. Las cumbres, horcones y costaneras son de madera; el techo y las paredes de cuero de potro cosido con vena de avestruz. El mojinete tiene una gran abertura; por allà sale el humo y entra la ventilación.
Los indios no hacen nunca fuego al raso. Cuando van a malón tapan sus fogones. El fuego y el humo traicionan al hombre en la Pampa, son su enemigo. Se ven de lejos. El fuego es un faro. El humo es una atalaya.