Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles ¿Por qué insistÃa yo tanto en comprar la posesión de la tierra?
Mariano me dijo:
Ya sabe, hermano, que los indios son muy desconfiados.
—Ya lo sé; pero del actual Presidente de la República, con cuya autorización he hecho estas paces, no deben ustedes desconfiar —le contesté.
—¿Usted me asegura que es buen hombre? —me preguntó.
—Si, hermano, se lo aseguro —repuse.
—¿Y para qué quieren tanta tierra cuando al sur del rÃo Quinto, entre Langhelo y Melincué, entre Aucaló y el Chañar, hay tantos campos despoblados?
Le expliqué que para la seguridad de la frontera y para el buen resultado del tratado de paz, era conveniente que a retaguardia de la lÃnea hubiera por lo menos quince leguas de desierto, y a vanguardia otras tantas en las que los indios renunciasen a establecerse y a hacer boleadas cuando les diera la gana sin pasaporte.
Me arguyó que la tierra era de ellos.
Le expliqué que la tierra no era sino de los que la hacÃan productiva; que el Gobierno les compra, no el derecho a ella, sino la posesión, reconociendo que en alguna parte habÃan de vivir.