Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Me arguyó con el pasado diciéndome que en otros tiempos los indios habÃan vivido entre el rÃo Cuarto y el rÃo Quinto, y que todos esos campos eran de ellos.
Le expliqué que el hecho de vivir o haber vivido en un lugar no constituÃa dominio sobre él.
Me arguyó que si yo fuera a establecerme entre los indios, el pedazo de tierra que ocuparÃa serÃa mÃo
Le contesté que si podÃa venderlo a quien me diera la gana.
No le gustó la pregunta, porque era embarazosa la contestación, y disimulando mal su contrariedad, me dijo:
—Mire, hermano, ¿por qué no me habla la verdad?
—Le he dicho a usted la verdad, —le contesté.
—Ahora va a ver, hermano.
Y esto diciendo, se levantó, entró en el toldo, se volvió trayendo un cajón de pino, con tapa corrediza.
Lo abrió y sacó de él una porción de bolsas de zaraza con jareta.
Era su archivo.
Cada bolsita contenÃa notas oficiales, cartas, borradores, periódicos.
Él conocÃa cada papel perfectamente.
PodÃa apuntar con el dedo al párrafo que querÃa referirse.